Quiero dejar constancia de mi testimonio como madre.
Mi hijo, que actualmente tiene 25 años, fue diagnosticado de TDAH cuando era pequeño. En aquel momento no relacioné en absoluto su diagnóstico con las vacunas. Seguí el calendario vacunal establecido y le administré todas las vacunas que correspondían por edad, confiando plenamente en lo que se nos indicaba.
Con el paso del tiempo, al escuchar otros testimonios y al ver vídeos y experiencias de otras familias, empecé a darme cuenta de que lo ocurrido podía estar muy directamente relacionado con la administración de las vacunas. Esa relación no la vi entonces, pero hoy, mirando atrás, considero que existe una conexión clara entre el proceso vacunal que siguió mi hijo y los cambios que comenzaron a manifestarse en él.
Hace 25 años la información disponible no era la misma que ahora. Yo estaba, en ese sentido, dormida, como lo estaban muchas otras madres y padres. Puse todas las vacunas que había que poner por calendario, sin cuestionar nada, creyendo que hacía lo mejor para mi hijo y confiando en el sistema.
Este testimonio nace desde la experiencia, desde la observación a lo largo de los años y desde una toma de conciencia que no tuve en aquel momento, pero que hoy considero importante expresar.