VACUNAS Y AUTISMO. LA VERDAD SILENCIADA.

Soy periodista, madre de familia numerosa, de cinco hijos, de distintas edades. Mi hija mayor tiene 24 años y cada cuatro o cinco años he tenido un hijo. Mi hijo pequeño va a cumplir este mes seis años. En 2021 publiqué El libro negro de las vacunas y, en julio de 2025, Vacunas y Autismo. La verdad silenciada.

¿Qué te llevó a escribir sobre las vacunas y emprender así el camino de investigación en este ámbito?

Yo era una madre muy confiada en el sistema, vacunaba de todo lo que me decían mis pediatras, incluso de más, de esas que no figuraban en la cartilla de vacunación, en la recomendación oficial. Recordad que en España ninguna vacuna es obligatoria, todas son recomendadas.

Con mi hija mayor, que nació en el 2001, mi pediatra me decía que además de las vacunas que figuraban en la cartilla le pusiera además la del Prevenar-7, la vacuna del neumococo de siete cepas. Se la puse y mi hija tuvo después un ingreso hospitalario por neumonía. Tuvo dos neumonías graves, una de un ingreso de una semana. Y pensé: «pero si le he puesto la vacuna del Prevenar-7, ¿cómo puede ser?»

En mi primer libro (El libro negro de las vacunas), que se lo dedico principalmente a mis hijos, muestro el documento del Ministerio de Sanidad donde reconoce que en el año 2006 esa vacuna no la recomendaba en el calendario habitual porque había observado que a esa vacuna le sucedían la aparición de neumonías más graves. Tras empezar a utilizar la vacuna Prevenar 7 había habido un incremento de neumonías.

Resulta que está reconocido en un documento del Ministerio de Sanidad y Consumo y Bienestar Social denominado ‘Enfermedad invasora por Streptococcus pneumoniae. Implicación de la vacunación conjugada heptavalente’, de abril de 2006.

También le puse la vacuna de la varicela pagada, no estaba en el calendario. Y entonces la recomendación era de una única dosis.

Cuéntanos más sobre los calendarios de vacunación en España.

Sabéis que los calendarios han ido creciendo y creciendo desorbitadamente, ¿verdad? Hasta el punto de que ahora en España tenemos unas 60 dosis de vacunas hasta los 18 años. En Estados Unidos son más de 80 dosis las que se aplican. Pues después de alcanzar estas altas cotas de vacunas en los calendarios de los menores de edad, resulta que tenemos dos verdaderas epidemias entre los niños: el autismo y el cáncer pediátrico.

¿Cuál fue el descubrimiento que más te impactó al profundizar en todo este tema?

En el año 2010 me enteré de una práctica en el mundo de la fabricación de las vacunas que era terrible para mí, y es que algunas vacunas contienen células de fetos abortados. Y está reconocido en los prospectos y en las fichas técnicas. Hay un artículo muy interesante “Vacunas, Biotecnología y su relación con el aborto provocado”, publicado en el año 2008 en Cuadernos de Bioética, de José Luis Redondo Calderón. Ahí hace un repaso de esas líneas celulares, su historia de extracción y su utilización en las vacunas. Impresionante. Cuando se lo enseñé a mi pediatra, en el 2010, que es cuando yo me lo encontré, resulta que no conocía nada de eso. Lo que más me extraña es que mi pediatra no se había leído ni los prospectos de las vacunas, porque ahí también está indicado este componente, por supuesto. El pediatra de mis hijos se quedó muy sorprendido y se lo fue a consultar por correo electrónico a su comercial farmacéutico y se lo reconoció por escrito. Ahí intuyo como madre que, con esa procedencia mala, y viendo las malas excusas que se sucedieron, ese compuesto no iba a traer nada positivo. Y efectivamente, enseguida me encuentro con los estudios de la doctora Theresa Deisher de Estados Unidos, una eminencia, que relaciona la introducción de esta serie de vacunas con el incremento descontrolado de autismo en USA, en el Reino Unido, Dinamarca y Australia. Las vacunas estudiadas comprometidas con estos componentes de ADN fetal humano son especialmente: la triple vírica (para el sarampión, paperas y rubéola), la de la varicela y la de la hepatitis A. Y la relación es clarísima, el autismo aumenta al mismo tiempo que se introducen estas vacunas en diferentes países. Deiser también estudia otras variables que podrían estar relacionadas: la edad paterna y el cambio en el manual de diagnóstico del autismo, sin embargo esas variables no mostraron relación alguna con el autismo en sus estudios, porque para edades paternas muy diferentes y con un mismo manual de diagnóstico, el autismo sólo se incrementaba coincidiendo únicamente con los años de introducción de estas vacunas y ampliación en el número de dosis.

A pesar de este descubrimiento seguiste confiando en las vacunas…

Dejé de vacunar de inmediato de las vacunas que están fabricadas en líneas celulares de fetos abortados, y me pasé unos tres años buscando las vacunas monovalentes y éticas, las que se fabrican en líneas celulares de animales. Las encontré en Japón, allí si están disponibles, y mientras buscaba el modo de acceder a ellas, seguía más o menos confiando en el resto de vacunas, porque no las había estudiado ni revisado. Y entonces, cuando nace mi cuarto hijo en el 2014, resulta que tiene una reacción adversa a sus primeras vacunas de los dos meses de edad: una dermatitis atópica en todo el cuerpo muy fuerte, tras recibir tres pinchazos de vacunas, ninguna de ellas contenía células de fetos abortados según el prospecto, pero luego descubro que sí contenían una alta carga de aluminio y otros componentes tóxicos. Y son muchos. Calculé, según los datos del prospecto, cuánto aluminio había recibido y resulta que había recibido más de un miligramo de aluminio en esos tres pinchazos. Además, venía en el prospecto que la dermatitis es un efecto adverso reconocido en las tres fichas técnicas de esos tres pinchazos de vacunas combinadas que él recibió en esa visita con la enfermera.

A finales del 2019 empiezo a ordenar todos los datos y documentos que yo había encontrado e investigado hasta la fecha, y mientras estoy en ese trabajo, en 2020 nos asola el trauma mundial de la enfermedad Covid19 y cómo la única solución que nos vendieron desde la OMS, falsos filántropos, políticos, farmacéuticas y medios de comunicación era «la vacuna», en un movimiento perfectamente orquestado pero carente de todo sentido común. Con todo lo que ya sabía de procesos de aprobación de vacunas, la verdadera historia de las vacunas y sus componentes poco conocidos, me decidí a seguir de cerca todas las noticias de esos primeros ensayos de la «vacuna» Covid en humanos (porque en animales no se hicieron). Leí los graves efectos adversos que estaban reportando y que conseguían trascender la gran censura informativa que padecemos. Y pese a los graves efectos adversos reconocidos desde el principio y a las muertes reportadas, los ensayos y el plan de vacunación mundial no se paraban. Había compras millonarias por adelantado, sin haber alcanzado la aprobación, y habiendo conseguido las farmacéuticas desligarse de los graves efectos adversos que sabían que iban a provocar sus productos. Todo eso lo dejé recogido en la tercera parte de mi primer libro: El Libro Negro de las Vacunas que tiene tres partes bien diferenciadas:

1.- Las líneas celulares de fetos abortados en la fabricación de algunas vacunas.
2.- Los componentes tóxicos que se utilizan como adyuvantes, inactivadores y excipientes en las vacunas infantiles.
3.- Las novedosas «vacunas» para la Covid.

Y luego empiezas un nuevo camino. ¿Qué te llevó a sacar tu segundo libro enfocado en el autismo?

Con el primer libro se me quedan muchos datos y estudios en el tintero. Los numerosos estudios que muestran una vinculación muy clara y que son silenciados sistemáticamente. El efecto adverso del autismo es lo que a mí más me impacta, y es en lo que profundizo en este segundo libro: Vacunas y autismo. La verdad silenciada.

Me sorprende mucho que digan que no hay evidencia. ¿Cómo que no hay evidencia cuando yo me he encontrado tantos estudios publicados en biblioteca médica que dicen que sí? He recopilado más de 220 estudios, publicados y no retracatados en las más prestigiosas revistas científicas que así lo señalan.

Es un recopilatorio de estudios de la doctora Theresa Deisher, relacionados con la triple vírica, otros muchos que lo relacionan con las altas cargas de aluminio que se incluyen en las vacunas infantiles, y recuero que el aluminio es tóxico y neurotóxico; otros estudios estudian su relación con el mercurio que sigue sin eliminarse por completo en Europa, pues se sigue utilizando como inactivador, y en América en muchas vacunas se utiliza en más alta cantidad porque se usa como conservante, por ejemplo en las vacunas de la gripe de multidosis para embarazadas y para bebés. También los estudios del Dr. Russell L. Blaylock, que establecen que, a mayor número de dosis introducidas en los calendarios infantiles de vacunación hay más carga de aluminio acumulada en los cerebros y más autismo. Cuando van incrementando el número de dosis, va incrementándose esta epidemia de autismo real. En el capítulo 23 menciono la lista de los componentes tóxicos reconocidos de manera oficial en las vacunas infantiles.

¿Qué puedes contarnos sobre ello?

Incluso la Asociación Española de Pediatría reconoce algunos alérgenos. Y hace una lista muy larga. Por ejemplo, albúmina humana, AS04 —que es un ayudante con una alta carga de aluminio —, borato de sodio, etanol, fenol, formaldehído —que es cancerígeno —, fosfato e hidróxido de aluminio, glutamato monosódico, sulfato de aluminio amorfo. También dice que causa alérgenos el huevo y el pollo. El látex, las levaduras, el MF59C.1 —que es escualeno —, el polisorbato, conocemos el polisorbato 80 porque es un detergente que además es mutagénico y también está relacionado con el cáncer. La lista es muy larga, hay toda una serie de componentes tóxicos, cancerígenos, mutagénicos que campan a sus anchas en las vacunas, pese a que son considerados tóxicos por las Autoridades de Seguridad Alimentaria, por ejemplo.

¿Por qué nadie se atreve a hablar de algo que afecta directamente a la salud y especialmente a la salud infantil?

Porque no se da a conocer, no lo saben. Los padres no lo saben, los médicos no lo saben, los enfermeros no lo saben. ¿Por qué no lo saben? Porque el sistema no quiere que los médicos estén formados en vacunas y no reciben formación de vacunas en sus años de estudio. Yo me quedo sorprendida cuando empiezo a leer los prospectos, los estudios y las fuentes originales, ¿por qué yo sé más que mi médico? La respuesta me la dio, curiosamente, la Organización Mundial de la Salud. Una alta directiva de la OMS, Heidi Larson, reconoció públicamente, en un congreso sobre vacunas en Ginebra, a finales del año 2019, que los médicos están muy poco formados en vacunas. «Como mucho reciben mediodía de formación en vacunas», dijo.

¿Esto responde a unos intereses concretos?

Sí, toda la formación que van a recibir los médicos después es de mano de las farmacéuticas. Y las farmacéuticas no les dan a leer los prospectos, ni las fichas técnicas, ni estos más de 220 estudios que vinculan las vacunas con el autismo y que publico yo en mi libro. Tampoco les hablarán de los juicios de vacunas en Estados Unidos, ni de la declaración jurada ante notario de uno de los expertos del Gobierno que vio que no fue llamado a declarar en el juicio porque antes le había dicho a los abogados del Estado que las vacunas provocan autismo en algunos casos.

No se explica que los médicos no sepan de vacunas. Y yo veo que ellos tienen más disonancia cognitiva que la que podemos tener nosotros. Yo la tuve porque nos han educado en que las vacunas son seguras y eficaces y han salvado a la humanidad y cuando empiezas a ver que tienen una serie de componentes tóxicos y nada éticos o ves que están vinculados con el autismo, y enfermedades autoinmunes y cáncer, y que las altas cargas de aluminio sobrepasan con creces a lo que dice que puede ser tolerado por ingesta oral, la Agencia Medioambiental Europea o la Agencia Medioambiental de Estados Unidos, surge la disonancia. ¿Cómo es posible? Es entonces cuando muchos obvian los datos, y se quedan anclados en la creencia de que son seguras y eficaces y han salvado a la humanidad.

Un mensaje final que quieras compartir.

Tenemos que despertar ya. El miedo nos lo tiene que dar el incremento de cáncer pediátrico, autismo y enfermedades crónicas infantiles, nos tiene que dar mucho más miedo esos componentes mutagénicos, genotóxicos, cancerígenos que están siendo inoculados sin que nadie interasado en la salud se haya dado cuenta, todo ha sido ocultado. Todo lo inoculado va a hacer mucho más daño que lo ingerido, porque se salta todas las barreras de defensa propias del cuerpo humano.

El niño en su tierna infancia no tiene el sistema inmunitario desarrollado; la barrera hematoencefálica no se cierra hasta los dos años de edad.

Ves a niños que hablaban, que se relacionaban bien, que caminaban, que mantenían bien el contacto visual. Pero es ponerles algunas vacunas concretas y al poco tiempo tienen un retroceso, a los pocos días, a la semana, a los 15 días tienen un autismo regresivo. No es genético, es ambiental. Y el ambiente son algunas vacunas, algunos tóxicos inoculados masivamente en los países, a través de los calendarios de vacunas.

A los padres nos tendrían que preguntar: ¿prefieres que tu hijo tenga gripe o que tenga una diabetes o un cáncer o autismo? Nos tenemos que informar directamente de las fuentes oficiales. ¿Cómo es posible que las fuentes originales, las fichas en inglés de las vacunas infantiles de las multinacionales farmacéuticas reconozcan sólo unos pocos días de estudio de seguridad?

Si los médicos tienen disonancia cognitiva a estas alturas, que lean, que investiguen más, que se rebelen ante un sistema que sólo los educa para aplicar protocolos. Tendremos que informar a los médicos, a los enfermeros, tendremos que abandonar ese miedo que nos han inoculado desde hace mucho tiempo a las enfermedades infecciosas porque es la puerta de entrada a un sin fin de tóxicos inoculados y ahora tenemos una avalancha enfermedades crónicas, de enfermedades autoinmunes provocadas por las inmunizaciones artificiales: la diabetes que se ha multiplicado por cuatro en pocos años, el autismo que es una verdadera epidemia, 1 de cada 31 en Estados Unidos, aquí en España reconocen 1 de cada 100 niños.

Leer, investigar, acudir a las fuentes originales proporciona el verdadero conocimiento y entendimiento. Y aunque entender sea muy doloroso, porque descubrir todo lo que nos han ocultado y el daño ocasionado duele mucho, muchísimo, pero también es la única cura.

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