Mi hija nació bien. Parto natural, análisis normales. Respondía a su nombre y señalaba hasta que con la triple vírica noté sarpullidos en su piel. Me asusté. Parecía que tuviera sarampión. Samantha empezó a cambiar a partir de los 12 meses. Su mirada a veces ausente, se le iba la cabeza un poco hacia atrás y empezó a dar vueltas…Dejó de mirarme y de responder a su nombre. Yo le daba el pecho y fue una bebé muy cuidada y amada. Seguí vacunándola y dejó de comer y a hacer tics. Su cabeza se movía como espasmos. Cuando cumplió 6 años le puse la última vacuna. Después me di cuenta investigando que mi hija era autista por vacunas. Sufrió intoxicación, estuvo un año casi sin comer…Ahora tiene 13 años, habla, pero tiene 59% de discapacidad. Ella me hizo despertar: las vacunas son venenos, la teoría del contagio es falsa.